dijous, 22 de desembre de 2011

OTRO TERRIBLE CASO DE CRUELDAD...ESPERO SE HAGA JUSTICIA Y ESTE SER DESPRECIABLE DESAPAREZCA DE ESTE MUNDO ENTERRADO BAJO TIERRA VIVO!!!!

Titã , el perro enterrado vivo mejora y ya empieza a comer y beber

Por:

NOTA:

Varios de las más de 200 lectores que han dejado sus comentarios emocionados en este blog, me han pedido que les informe, por favor, cómo sigue Titã, el perrito de 4 meses enterrado vivo y que ha despertado un río de solidariedad hasta internacional, para ayudarlo a seguir vivo, como símbolo de resistencia, en esta Navidad, contra la barbarie humana. Hoy he sabido que el perrito está mejorando. Según la veterinaria, Viviane Cristina da Velle, Titã ha empezado a comer y beber aunque aún no se levanta. "La infección ha sido controlada y ha mejorado bastante la hipoglicemía", ha dicho esta tarde. Empieza a haber esperanzas de que pueda sobrevivir al horror de haber sido enterrado vivo. Los veterinarios han conseguidio hacerle una transfúsión de sangre. Una jueza ha enviado a la clínica veterinaria una ración especial en moto a 100 kilómetros de distancia y una veterinaria oftalmolosgista se ha ofrecido a tentar salvar uno de los ojos destrozados de Titã, nombre que le ha sido dado en la clínica y que significa "hijo de la Tierra"; "salvado de la Tierra". Sin embargo por ahora no puede ser aún ser operado del ojo "porque está tan debilitado aún que no soportaría la operación", han confirmado los veterinarios. La policía sigue buscando al presunto dueño de Titã que resulta aún desaparecido.

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Brasil se ha movilizado para que no se muera Titã, el perrito de cuatro meses a quién su dueño, el vendedor ambulante, Alexandre Rodrigues, para deshacerse de él, después de haberle maltratado, lo enterró vivo. Allí estuvo el cachorro sepultado bajo la tierra, durante 12 horas, víctima de una crueldad inútil y sin nombre, hasta que alguien vio removerse la tierra y consiguió sacarlo aún vivo.

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El pequeño Titã enterrado vivo

Los ciudadanos de la localidad industrial de Novo Horizonte, en el Estado de Sâo Paulo, lugar del suceso, han convertido la lucha por salvar al pequeño Titã, en un símbolo de resistencia, que ha saltado mucho más lejos de aquella ciudad de 40.000 habitantes. Hasta desde los Estados Unidos, se han interesado y ofrecido ayuda a los veterinarios que lo están tratando para que puedan salvarlo.

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La veterinaria Viviane Cristina con Titã

De varias partes llegan a Novo Horizonte, docenas de productos especiales para intentar por todos los medios que el pequeño no se muera. Es casi un reto contra la barbarie y considerarían su supervivencia como el mejor regalo de Navidad.

Según la veterinaria, Viviane Cristina da Silva, la situación de Titã es gravísima ya que sufre de una anemia fortísima que les impide por el momento operarlo.
El dueño del perro enterrado vivo, para el que ya existe una lista nacional e internacional de personas dispuestas a adoptarlo si sobrevive, ha desaparecido y podría ser encarcelado por crueldad contra los animales según las leyes brasileñas.

El caso de Titã, víctima de una violencia totalmente inútil y bárbara y los miles de artículos que el caso está originando en internet y los comentarios en las redes sociales, ha vuelto a poner sobre el tapete el tan discutido tema de los “derechos de los animales”. ¿Pueden los humanos torturar gratuitamente a esos seres indefensos? Justamente estos días en Brasil, en las redes, los más impresionados con el horror del perro enterrado vivo, son los niños, cuya indignación crea enorme ternura y al mismo tiempo obliga a los adultos a pensar. Quizás los niños, frágiles e indefensos como sus amigos los cachorros o los gatos o los pájaros, se vean reflejados, mejor que nosotros, en esa simbología de la violencia gratuita.

Mi amigo y admirado filósofo, Fernando Savater, con quién me suelo identificar casi siempre y al que siempre he leído con fruición y admiración de discípulo, suele defender que los animales no pueden exigir derechos porque ellos no conocen los deberes. Y que la violencia contra los animales ( empezando por la perpetrada en la corrida de toros) es más bien un problema de estética que de ética.

Lo cierto es que cada día más la ciencia descubre cómo los animales y no sólo los mamíferos, tienen sentimientos y exigencias afectivas y todas las manifestaciones que se dan en las relaciones amorosas como celos, pasión, dolor, agradecimiento etc. Si ellos no conocen sus deberes, nosotros conocemos sus exigencias y necesidades. Sabemos además que sin ellos, la Tierra sería un desierto y que no pocas veces son ellos los que nos dan lecciones sobre cómo amar la vida y cómo ser agradecidos.

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Ojalá Titã, emblema de todo el dolor que los humanos infligimos a los animales y a la Naturaleza en general, pueda sobrevivir como esperanza de que los cuidados y nuestro amor por ellos pueden ser más fuertes que la barbarie que les infligimos.